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Antecedentes de la Cultura Clásica



Los antecedentes de la cultura clásica: del II milenio a la época oscura: la civilización minoica. La civilización micénica. La época oscura. El periodo arcaico (-VII al - V): la consolidación de las Polis. Las colonizaciones. Las tiranías. La monarquía de Roma: la fundación mítica y los primeros reyes. Roma y los etruscos. El fin de la monarquía.

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Del II milenio a la época oscura:

Antecedentes:

Aunque existen restos de ocupación humana en Grecia desde el - 40.000, los primeros grupos asentados en le área fueron mucho más tardíos, en el Neolítico entre el –VI y - IV milenio, estos primeros grupos solo nos han dejado restos líticos de una cultura precerámica. Sus sucesores, en cambio, conocían ya la agricultura y utilizaron cerámica de diversos tipos, hacia el –3.000 estos grupos pueblan ya algunas islas del Egeo, Creta y enclaves de la Grecia continental. Los textos escritos no comenzarán a elaborarse en el mundo griego hasta los siglos VIII y VII a.C.. A partir de ese momento nos encontraremos con los textos redactados por Homero y Hesíodo. Pero hasta ese momento, sólo podremos contar con los restos materiales y con textos inscritos en tablillas. Las primeras civilizaciones desarrolladas entorno al Mar Egeo se irían conociendo gracias al trabajo desarrollado por las excavaciones que se realizaron en los grandes centros de Troya y Micenas por Schliemann (mundo micénico), y del palacio de Cnossos en la isla de Creta, obra de Arthur Evans. Para reconstruir estas denominadas civilizaciones egeas,  se iría analizando toda la información obtenida de las excavaciones y los relatos recogidos tanto en los posteriores textos ya de época homérica como otros  textos provenientes de las civilizaciones próximo orientales.

 

La civilización minoica -2800-1450 Aprx.:

La más antigua de estas civilizaciones habría sido la civilización minoica. Esta civilización desarrollada en la isla de Creta, surgió en el contexto de las grandes transformaciones que tuvieron lugar en la zona en el intervalo de tiempo que va del III a II milenio a.C., con el paso de las comunidades neolíticas de esta área a la Edad del Bronce.

En el desarrollo de esta civilización podemos diferenciar tres fases fundamentales:

Un primer periodo denominado minoico antiguo o prepalaciego, en la que frente al aislamiento de la isla en época neolítica, se constata ahora la llegada de algunos grupos humanos procedentes de Anatolia, de la región sirio-palestina e incluso del área protolibia de África. Estos grupos se fusionarán con la población neolítica, aunque sin que existan evidencias de ruptura con la cultura neolítica. Sin embargo, a partir del 2500 a.C. se produce una sorprendente aceleración cultural. Los núcleos de población se comienzan a transformar en pequeñas ciudades en las que se observa ya una diversificación económica. Aparecen las primeras grandes casas con una organización de las habitaciones que son el antecedente del estilo laberíntico típico de los palacios minoicos. Podemos intuir ya una estructura social de carácter urbano y una diferenciación funcional. Un segundo periodo denominado minoico medio o protopalaciego, que se desarrolla entre el 2000 y el 1700 a.C., y caracterizado por la aparición de los primeros palacios, con una continuidad pacífica en los asentamientos. Hacia el 1700 a.C., una destrucción generalizada arrasaría los poblados y palacios, y marcaría el paso al minoico reciente o neopalaciego, tercero de los periodos de esta civilización, entre el 1700 y el 1450 a.C.. Junto al ya mencionado palacio de Cnossos, nos encontramos con otras estructuras palaciegas repartidas por la isla, como son los casos de Festos, Hagia Tríada, Malia o Zakro. El auge que van a disfrutar este tipo de estructuras debemos ponerlo en relación con la entrada de estas comunidades cretenses en los grandes circuitos comerciales del Próximo Oriente. Así, la civilización minoica, entre otras cosas debido a la excelencia de sus puertos naturales, entrará en contacto con Egipto, Chipre, las islas del Egeo, la región sirio-palestina, Mesopotamia y Anatolia. Estos palacios reproducen en parte la visión de los palacios orientales. Los complejos palaciegos se erigen como modelo organizativo centralizado, configurando unidades económicas y sociales. Poseen una serie de dependencias distribuidas en varias plantas y dedicadas a la vivienda, el ocio y las actividades económicas, como son los casos de los talleres y los almacenes. Todo el edificio se organiza entorno a un gran patio central. Respecto a la relación que pudiera existir entre los distintos palacios de la isla, se barajan dos hipótesis: En primer lugar, se considera la posibilidad de que existiera un palacio dirigente representado por el palacio de Cnossos, entorno al cual se organizarían los demás palacios (reino de Cnossos); y en segundo lugar, que pudiera existir una federación de ciudades palacios. El palacio es el dueño de las tierras, se encarga de controlar dichas tierras, asignarlas y organizar el uso de éstas. Al palacio llegarían los excedentes agrícolas y éstos serían destinados a mantener la suntuosa vida de la corte, el mantenimiento de los funcionarios, el comercio o utilizado como reserva para paliar problemas puntuales como es el caso de los periodos de hambrunas. En los palacios también se ubicaban talleres textiles, de metal, orfebrerías, de objetos de lujo (marfil, cristal), etc. Todos estos productos estarían destinados al intercambio comercial, tanto entre los diferentes palacios de la isla como en el ámbito de los mercados internacionales. Por lo tanto, la estructura palaciega tenía una función centralizadora, actuando como centro de redistribución e intercambios.

Al igual que ocurrió en el Próximo Oriente, la gestión de los bienes requerirá el desarrollo de un sistema de contabilidad y registro, hecho este que posiblemente esté en la base de la invención de la primera escritura pictográfica. Posteriormente, esta escritura evolucionará a una escritura lineal con silabogramas, denominada lineal A. Existen multitud de tablillas con dicha escritura, aun no descifrada. Se piensa que estas tablillas servirían de soporte para llevar a cabo el registro de los excedentes.

En cuanto a la estructura social, los restos arqueológicos y los escritos conservados, nos muestran  una sociedad encabezada por la familia real y la nobleza, alojados en el palacio y por debajo de las cuales se encontrarían los grupos sociales privilegiados que viven fuera del palacio aunque alojados en viviendas que presentan cierta complejidad arquitectónica y muestras de decoración. Estos grupos se dedicarían a las actividades comerciales y organizativas aunque no son dependientes del palacio, de modo que no los podemos considerar como funcionarios. La masa del pueblo habitaría en las aldeas y estaría compuesta por los campesinos y por los artesanos. Trabajarían ligados a fincas o a explotaciones bajo la dirección de los palacios o al margen de ellos, aunque se desconoce el grado de dependencia que se daría entre estos grupos sociales y la aristocracia y el rey. Por último estarían los esclavos procedentes bien de las guerras o de la piratería y que van a pertenecer al palacio.

Respecto a la cultura, destacar que ésta estará muy influida tanto por Egipto como por las comunidades del Próximo Oriente, aunque presentará elementos singulares como ocurre con el caso del arte palaciego, en particular en las representaciones murales, donde no nos vamos a encontrar con el rey o la familia real, y raramente se representarán victorias bélicas. Es una decoración basada en la naturaleza.

Esta cultura minoica trascenderá al contexto cretense e influirá en el espacio de las islas Cícladas y en la propia Grecia continental. De este modo, en estas regiones tiene lugar un proceso de minoización que podrá ser observado en el arte, la vestimenta o la religión, aunque siempre matizados bajo la influencia de la cultura autóctona. Pese a que la tradición griega mantenía tal como afirman Heródoto y Tucídides, la existencia de un imperio cretense basado en una rotunda supremacía marítima de los minoicos, la denominada talasocracia cretense, ningún registro arqueológico nos permite considerar dicha posibilidad. Más bien, podríamos hablar de una influencia comercial cretense. Este mundo minoico influirá en el área de las islas Cícladas y en la Grecia continental, lugar donde entre el 1580 y el 1150 a.C. se desarrollará la civilización micénica.

La razón del rápido ocaso de la civilización minoica es difícil de determinar, aunque se puede atribuir tanto a la violenta erupción de la isla de Tera en el 1500 a.C. como a los ataques por parte de los micénicos en el 1450 a.C.. Así, a partir del 1450 a.C., los micénicos ejercerán su dominio sobre la isla de Creta.

 

La civilización micénica -1700-1200:

La civilización micénica surgió en la Grecia continental al final de la Edad del Bronce, durante el periodo denominado Heládico Reciente, entre el 1600 y el 1100 a.C. aproximadamente. Con anterioridad a este periodo, los habitantes de las áreas donde se desarrolló esta cultura, vivían en comunidades pequeñas, amontonadas, sin fortificaciones y en una situación de gran precariedad económica. Sin embargo, a partir del siglo XVII a.C. se produce un importante giro en el desarrollo de estas comunidades. A pesar de las especulaciones sobre cual fue el detonante de dicho cambio, es obvio que la civilización micénica fue intensamente influida por los minoicos. Surge un sistema político y social jerarquizado, basado en el control de la economía y cuya causa fundamental podría haber estado en la participación del mundo micénico en el comercio mediterráneo a través de la Creta minoica. Este hecho habría resultado ser de vital importancia para que las comunidades micénicas que adoptarán el modelo palatino minoico.

Hacia el 1450 a.C. los micénicos invadirán Creta, ejerciendo su poder sobre la isla y controlando sus redes comerciales. Adaptarán su cultura e incluso su escritura, surgiendo el denominado lineal B, la última escritura que apareció en Creta y que apareció por la necesidad de modificar el lineal A al transcribir la lengua griega de los micénicos. Aparecen tablillas en lineal B tanto en la isla de Creta como en áreas de la Grecia continental, como son los casos de Micenas (yacimiento del que hereda su nombre esta cultura), Pilos o Tirinto. En la mayor parte de los casos se trata de documentos de carácter contable, aunque a pesar de ello, a partir de estos escritos hemos podido obtener información a cerca de la organización religiosa o palatina entre otras. Podemos analizar dos fases bien diferenciadas de desarrollo de la civilización micénica:

En un primer momento los enterramientos que se observan son realizados mediante tumbas de fosa rematadas con estelas. Los denominados enterramientos regios verán como progresivamente se va a ir enriqueciendo el ajuar funerario, lo que denota que las elites van a ir adquiriendo cada vez más poder. En una segunda fase y en un momento en el que el mundo micénico se está relacionando comercialmente con el mundo minoico, las tumbas de fosa van a ir siendo sustituidas en los enterramientos de estos jefes y reyes micénicos, por los denominados tholoi, estructuras arquitectónicas compuestas por un pasillo que conecta con una gran cámara y que posteriormente son recubiertos por tierra. Los palacios recordarán en su estructura arquitectónica y en su decoración a los palacios minoicos, aunque ahora van a presentar algunas diferencias: son palacios de menor tamaño, edificados sobre colinas que les aseguren su defensa, frente a los palacios minoicos que aparecen levantados en espacios llanos. Además, los palacios micénicos cuentan también con murallas que además  de asegurarles una mayor protección contra posibles enemigos, daban testimonio del poder del propio palacio. Y también a diferencia de lo que ocurría con los palacios cretenses, los palacios micénicos se organizan entorno a una sala denominada Mégaron, en la que se celebran los actos más importantes de dichos palacio (banquetes, actos religiosos, audiencias, etc.). El papel destacado del Mégaron que dicha sala quedará reproducida en la planta de los templos del mundo clásico.

La denominación de civilización micénica no supone la existencia de una autoridad política centralizada. Micenas fue uno de los principales palacios- baluartes de la Grecia continental, pero no hay pruebas de que constituyera el centro de un imperio micénico unificado. Es más probable la existencia de una federación de estados independientes. Existen diferentes tipos de relaciones entre los distintos palacios y sus territorios adyacentes. Si solo existía una ciudad- palacio como en el caso de Pilos, se desarrollaba un reino que controlaba dichas tierras circundantes. Por otro lado, si en una misma área existían varias ciudades- palacios, se establecía una relación entre ellas y entre las que destacaba una que disfrutaba de la hegemonía, como en el caso de Micenas. Por lo general, las relaciones entre distintos palacios son buenas, a causa sobre todo de la importancia que habían adquirido para esta civilización, las relaciones comerciales. De ese modo, entre aproximadamente el 1400 y el 1200 a.C., la civilización micénica habría legado a su máximo esplendor, extendiéndose sus artesanos y comerciantes por casi toda el área mediterránea. Estos serían los pueblos que los hititas mencionan en sus textos como ahhiyawa, los aqueos, identificados con los griegos y a los que se les reconocía como potencia naval.

La labor de intercambios comerciales desarrollada por los micénicos estaría apoyada en una serie de actividades como son los casos de la producción textil y metalúrgica, bases de este comercio micénico, a las que habría que añadir la producción cerámica, la orfebrería, la elaboración de vino, etc., todas ellas dentro del ámbito del palacio. A cambio, los micénicos importarían materias primas como el estaño o el cobre y productos de lujo como el ámbar o el marfil.

En cuanto a la organización social, política y administrativa de las comunidades micénicas, cuya información se ha obtenido a partir de los textos inscritos en las tablillas, ésta se centra entorno al palacio. En primer debemos destacar que estamos ante una organización que es presidida por un rey que se identifica con el término Wanax (wanaka) de las tablillas, el señor o amo del palacio; en un escenario eminentemente aristocrático. Junto al wanax estarían los altos funcionarios, entre los que encontramos al Lawagetas, comandante supremo del ejército; los Telestai, funcionarios de carácter religioso, probablemente sacerdotes, encargados del culto a los dioses y en por último los Heketai guerreros que harían las funciones de altos mandos militares. En un segundo lugar nos encontramos con los funcionarios de rango inferior y que se encontrarían al frente de los diferentes departamentos territoriales dependientes del palacio. De este modo nos encontramos con el Korete y el Prokorete, figuras que podríamos asimilar con las de gobernador y auxiliar del gobernador para un determinado distrito administrativo dependiente del palacio, de forma que se encargarían de recaudar los tributos y ejecutar las órdenes reales. También existirían funcionarios encargados del control de las ciudades y las aldeas, los denominados Pasirewa.

En tercer lugar aparece un cuerpo de funcionarios que como en el caso de los escribas, se encargarían de la administración directa, auxiliando al resto de funcionarios. En las tablillas también aparece mencionada la Kerusiya, referida al consejo de ancianos. Respecto a la masa de la población denominada damo (el demos del mundo clásico), este término alude tanto al territorio, como  la aldea y la población que lo habita. Se trata de una población que trabaja la tierra y se encuentra en relación de dependencia con esa aristocracia poderosa, vinculada a su vez con el rey por lazos de clientela y de parentesco. En último lugar nos encontramos con los esclavos, elemento esencial de este modelo palatino micénico y que estarían a cargo del palacio, considerados como bienes valiosos tanto por su función en la producción artesanal como en el desempeño de las funciones domésticas.

Sin embargo, a partir del 1250 a.C., comienzan a detectarse graves problemas en algunos de estos centros micénicos. El sistema palatino va a sufrir un colapso de un modo similar a lo que estaba ocurriendo en el Próximo Oriente. Entre el 1250 y el 1150 a.C. asistimos a la destrucción de la mayoría de los palacios, quedando reducidos muchos de estos centros a simples aldeas. Hacia el 1100 a.C., la cultura micénica habrá llegado a su fin, convirtiéndose en la denominada cultura submicénica para los casos aislados donde se pudo mantener. Respecto a las teorías sobre el ocaso de esta civilización, algunos autores proponen la posibilidad de que una serie de catástrofes fueran las responsables de ese colapso, pero esta posibilidad no se corresponde con la realidad material que nos aporta la arqueología.

También se ha hablado mucho de la invasión de los dorios, tribus originarias del norte de Grecia y que según la tradición mitológica (el retorno de los heraclidas), estos pueblos después de haber sido despojado de sus posesiones en Grecia, volverían para recuperarlas. Pero esta explicación se contradice con la realidad arqueológica que nos revela que ya existían elementos dorios con anterioridad. Pero la teoría más aceptada actualmente es la que mantiene que el ocaso de la civilización micénica al igual que había ocurrido con las comunidades orientales, se habría producido por un colapso de todo el sistema palatino, hecho este que sería aprovechado por otros grupos de población para instalarse en estas áreas dentro del marco de movimientos generalizados que tuvieron lugar durante este periodo, a finales del II milenio a.C. en toda la cuenca mediterránea orienta, por esa serie de pueblos que como ya vimos se habían denominado como los Pueblos del Mar.

 

La época oscura -XII al -VIII:

Se denomina así al periodo comprendido entre los siglos XII y VIII a.C. en Grecia, por la escasez de las fuentes documentales y que representaría la etapa intermedia entre la desaparición del mundo micénico y la llamada época arcaica griega, con la aparición de la escritura y la formación de la polis.

Pese a que los asentamientos griegos se modificaron constatándose un gran descenso demográfico, se abandono el uso de la escritura o las formas constructivas de la época anterior y el mundo griego sufrió un aislamiento generalizado, éste no es un periodo de inmovilismo, sino una fase de transición en la que se van asentando los cimientos de ese nuevo tipo de sociedad que se desarrollará plenamente en época arcaica.

La época oscura a su vez, se podrá dividir en dos fases, apoyadas en la clasificación de los estilos cerámicos:

La primera etapa corresponde al denominado submicénico. Pese a la gran conmoción sufrida por el mundo micénico a finales del II milenio a.C., a lo largo de los siglos XII y XI a.C., pervivieron algunos asentamientos micénicos, conservándose las prácticas funerarias y la ornamentación micénicas. Incluso en ciertos lugares como es el caso del Ática Oriental, se detecta un aumento de la población micénica, compuesta posiblemente por refugiados provenientes de los asentamientos más duramente afectados por el proceso de convulsiones vivido por esta civilización.

Durante la segunda etapa, a partir del siglo X a.C., se comienzan a detectar los primeros síntomas de recuperación. Se producen algunos cambios importantes como son el uso del hierro de una forma general, la incineración en cista de piedra y la difusión de formas cerámicas que han ido sustituyendo los motivos circulares por los abstractos. Esta nueva fase cultural se ha venido denominando como geométrica, y tendría sus orígenes en la alfarería protogeométrica del Ática.

Las fuentes literarias:

Las dos fuentes escritas fundamentales de este periodo y que habrían sido redactadas precisamente a finales de esta época, son las obras de Homero y Hesíodo.

Las dos obras de Homero (sobre el que se ha llegado a cuestionar que se tratara de un único poeta), son la Ilíada y la Odisea, dos poemas de carácter heroico cuya base estaría en la tradición oral de las obras compuestas por los rapsodas o aedos profesionales, y centrados en el denominado ciclo troyano, cuyos hechos se habrían desarrollado al final de la época micénica. La redacción de estos poemas homéricos se habría realizado entre el siglo VIII y el VII a.C., y sobre cuyo valor histórico debemos ser bastante cautos. Pero pese a que la sociedad homérica es una proyección en la mayoría de los casos de las instituciones propias de su época en un pasado lejano, parece existir cierta base histórica.

Respecto a Hesíodo y su obra, Los Trabajos y los Días, se aportan datos sobre la vida cotidiana y la sociedad de su época. Hesíodo describe la vida de una familia típica agrícola de la Grecia continental, de finales del siglo VIII a.C., donde se considera la actividad agrícola como la más noble, ya que permite la autarquía. Describe de ese modo la base social de este periodo, con una población entorno al ámbito reducido del oikos, formado por la casa, los cónyuges, los hijos y algún esclavo, y de estructura antártica. El ideal que refleja Hesíodo es el representado por el sector de los pequeños propietarios independientes que viven de sus recursos, frente al modelo aristocrático. De esta forma, las obras de Homero y Hesíodo nos hablan tanto de la sociedad aristocrática dedicada a la guerra como la de la difícil vida de los campesinos de la Grecia continental.

Las estructuras sociales griegas en la época oscura:

Los grupos aristocráticos:

La sociedad aristocrática se dispone entorno a oikoi autárquicos. El oikos se define como la unidad básica de producción y consumo alrededor del cual se organizaba la vida. El jefe del oikos se encargaría de la organización de este núcleo, formado por familiares y dependientes.

Las comunidades griegas estaban formadas por grupos consanguíneos, los denominados gene, de manera que la situación social de un individuo venía dada por su parentesco y su pertenencia o no a un oikos. Pero esta situación favorecerá el desarrollo de una sociedad aristocrática, formada por los aristoi, los mejores, pertenecientes a los gene más destacados, debajo de los cuales esta el resto de la población, la multitud.

Los aristoi, pertenecientes a esos gene con antepasados ilustres, dioses o héroes, utilizando a su favor la organización de carácter gentilicio de estas comunidades, se irán apropiando de la mayor parte de las tierras y podrán disponer de abundante ganado, lo que a su vez les permitirá alcanzar un alto nivel de vida debido a la acumulación de riquezas, utilizándose la fórmula del regalo o doron, el don-contradón, como forma de distribución de riquezas. Además de detentar el poder económico, los aristoi se harán dueños del poder político, judicial, militar y religioso.

El basileys homérico aparece como un primer inter pares entre los aristoi, aunque disfrute de una serie de privilegios y su cargo sea vitalicio y hereditario. El consejo de los aristoia es la denominada basileia. Se pretende justificar la dominación por parte de esta aristocracia sobre el resto de la comunidad, en base a los beneficios que ellos aportan a dicha comunidad; entre ellos la de la defensa militar. Las hazañas militares a través de las cuales los aristoi manifiestan su arete o ideal de valor, los erigen en los mejores.

Los grupos no aristocráticos:

Tal como nos describe Hesíodo, nos encontramos en primer lugar a esos campesinos que sobreviven trabajando su pequeña parcela de tierra o kleros, y que son cultivadores independientes. Los thetes son los jornaleros sin propiedad que trabajan las tierras de los poderosos a cambio de un salario. No tienen vínculo con la comunidad ni pertenecen al oikos, y en este sentido su situación es peor que la de los esclavos. Los artesanos, cuyo trabajo resulta imprescindible a la comunidad. Se trasladará de comunidad en comunidad de un modo itinerante, de modo que no podrá optar a puestos en la organización política de la comunidad. Conforme se vaya consolidando el sistema de la polis, estos artesanos se irán sedentarizando. Finalmente nos encontramos con los esclavos, que proceden del rapto, la piratería y la guerra. El fenómeno de la esclavitud en el ámbito de los oikoi se verá favorecido por el desarrollo de las relaciones comerciales  y de las expediciones militares.

 

El periodo arcaico (-VII al -V):

Los dos fenómenos más característicos del periodo arcaico son el surgimiento y desarrollo de la polis como forma de organización política y social y la expansión de las comunidades griegas por toda la cuenca mediterránea. Se produce de esta manera el tránsito de la comunidad de tipo homérica a una nueva realidad social representada por la polis.

 

La consolidación de la polis:

Ante todo, la polis era una comunidad humana, soberana y autónoma, de carácter agrario, que se configuraba como una ciudad estado.

Según Aristóteles, la polis habría nacido de la unión de diferentes clanes y aldeas adyacentes.

La organización de la polis se serviría de instituciones primitivas como son el genos o agrupación de oikoi, las fratrías o agrupaciones de familias nobles de varios gene e incluso de sus dependientes, y las tribus cuya tradición más reciente provendría posiblemente de la tradición de los dorios organizados en tres tribus y de los jonios organizados en cuatro tribus. Estas antiguas instituciones se adaptarían a las nuevas formas de organización estatal, asumiendo nuevas funciones, aunque sin dejar de reflejar la naturaleza genética del grupo.

Geográficamente la polis griega comprendía el núcleo urbano y el territorio o chora con sus hábitats, sin que existiese antagonismo entre el campo y la ciudad.

El fenómeno del sinecismo jugo un importante papel en la territorialidad, de modo que constituye la superación de la diversidad de comunidades o poleis, además de asegurar la unión política y el surgimiento de una nueva solidaridad de las aristocracias locales. El sinecismo no supone ya un vínculo estrictamente comunal o familiar, sino un vínculo político, religioso y cultural, que supone la creación de nuevos sistemas de control.

La polis aseguraba la propiedad de la tierra cívica a la colectividad de ciudadanos con plenos derechos, de manera que el derecho a la propiedad de la tierra estaba basado en la pertenencia a la comunidad de los ciudadanos que disfrutan de la politeia y son además soldados que defienden el territorio. No todos los habitantes de la ciudad-estado disfrutan de la plenitud de derechos. Y junto a la noción de ciudadano surgirá también la noción del no ciudadano.

El fenómeno del sinecismo había propiciado que en su inicio la polis se tratara de una ciudad-estado aristocrática. Los derechos de ciudadanía no eran todos iguales y dicha ciudadanía dependía de determinados criterios económicos. De este modo, solo la aristocracia podía optar a participar plenamente en la vida política, mientras que el campesinado de clase media al menos los podría hacer a través de sus votos. Pero estas restricciones serán las responsables del descontento de las capas populares de la población y cuyo resultado será por un lado la del desarrollo del fenómeno colonizador y por otro el de la reivindicación social en la búsqueda de una redistribución de las tierras.

El motor del cambio dentro de estas comunidades será siempre la clase media constituida por los campesinos acomodados que pretenderán disfrutar de los mismos privilegios que la aristocracia.

Junto a los cambios sociales que se van a ir viviendo en este nuevo contexto de las ciudades-estado, se producirán cambios en el ámbito militar. Aparecen nuevos tipos de armas y tácticas militares, que están en la base de la creación del nuevo ejército hoplita, en el que se manifestará la nueva solidaridad ciudadana. Ahora el campesinado contribuye de un modo similar a la defensa de la comunidad del mismo modo a como lo hacen los aristócratas, de modo que de igual manera deberán poder disfrutar con iguales derechos en la organización política del gobierno de la comunidad.

Este ejército hoplítico sustituye así al antiguo concepto del enfrentamiento heroico de los aristoi. Este soldado ciudadano sustituirá al héroe homérico, poniéndose en entre dicho el elitismo de la clase aristocrática.

El hoplita debe ser capaz de proveerse su equipo militar, de forma que el resto de la población que no pueda permitirse la adquisición de este equipo participará como infantería ligera.

Precisamente serán estos ciudadanos, campesinos acomodados y artesanos, que configuran la clase media de la polis, quienes van a aparecer apoyando a los tiranos que aparezcan con posterioridad, de manera que sean los defensores de sus reivindicaciones.

 

Las colonizaciones:

El fenómeno de la colonización se extiende desde los siglos IX y VIII a.C. hasta el siglo VI a.C..

En su inicio respondían a motivos fundamentalmente comerciales y como consecuencia de las relaciones entre las comunidades griegas y el resto de comunidades en un principio de Oriente y en época posterior también de Occidente. Así, hacia el 825 a.C., se funda la colonia de Al-Mina, en el norte de Siria junto a la desembocadura del río Orontes; y hacia el 800 a.C. se funda Pitecusa, en el golfo de Nápoles.

Estos asentamientos respondían sobre todo a la necesidad de obtención de materias primas, sobre todo de metales y de productos necesarios para la artesanía de lujo como es el caso del marfil, el ámbar o los tintes. A cambio, los griegos aportan objetos artesanales y productos agrícolas típicos. Posteriormente, también aportarán plata y mármol. De este modo, las comunidades griegas entraban en contacto con las culturas orientales, posibilitándose por ejemplo la adopción del alfabeto fenicio que será adaptado a las necesidades griegas. el desarrollo de este nuevo alfabeto está precisamente en relación con la necesidad de registrar los intercambios comerciales y de fijar las fórmulas y expresiones de la poesía heroica que se venían perpetuando a través de la tradición oral.

 

Sin embargo, a partir del siglo VII a.C., va a tener lugar un segundo movimiento colonizador que coincide con el desarrollo y la consolidación de las polis y que responde a la necesidad de la obtención de nuevas tierras para una población en progresivo crecimiento. Este segundo periodo se extendería hasta el año 500 a.C. aproximadamente.

Ahora es la propia polis la que promociona y dirige la colonización, convirtiéndose en la denominada metrópolis o ciudad madre. Se elegía un fundador encargado de llevar a cabo el acto fundacional, determinándose el emplazamiento y recurriéndose al oráculo de Delfos para consultar a los dioses sobre la idoneidad del emplazamiento. En cuanto a los colonos, éstos solían ser seleccionados mediante sorteo. El fundador además se ocupará de la organización de la nueva colonia, la cual será independiente aunque mantendrá sus vínculos con la metrópolis.

Pese a que la fundación de estas colonias suele aparecer asociada al relato de hechos mítico-legendarios, podemos asegurar que desde mediados del siglo VIII a.C. se han establecido colonias en Italia y en el Mediterráneo Occidental. De este modo, los eubeos serían los primeros en establecer una colonia en Italia, la ya mencionada colonia de Pitecusa. Posteriormente, hacia el 750 a.C., habrían fundado Cumas. A partir de ese momento, muchas otras colonias se van a ir fundando sobre todo en el sur de la Península Itálica y la isla de Sicilia. Entre los dorios, Corintio será la polis que mayor número de colonias funde, mientras que Esparta solo lo hará en una ocasión, con la fundación de Tarento. Focea, situada en Asia Menor, será la responsable de la fundación de las colonias más alejadas de Massalia en el sur de Francia y Emporiom, junto a Massalia, en el nordeste de la Península Ibérica.

A continuación y desde mediados del siglo VII a.C., tiene lugar una segunda oleada colonizadora, centrada ahora en las áreas del norte del Mar Egeo y del Mar Negro, fundamentalmente por parte de las ciudades jonias y en concreto por parte de Miletos como la más activa de todas. Ahora se está buscando fundamentalmente el control de los estrechos y del propio Mar Negro, asociado a la explotación de cereales, con unas áreas circundantes que se convertirán en el granero de Grecia.

La fundación de estas colonias supuso el transplante del modelo de organización griega a lugares con una población indígena para la que en unos casos se recurre a la expulsión o a la reducción a una situación de servidumbre como por ejemplo en los casos de Siracusa en Sicilia o Bizancio en el área de los estrechos; y en otros casos se recurre al establecimiento de acuerdos de alianza a través del comercio o de los matrimonios mixtos (aunque estos matrimonios serán muy escasos). Esta política de acuerdos además permitirá la rápida difusión de la cultura griega.

 

Las tiranías:

Pese a la válvula de escape que supuso el movimiento colonizador para la delicada situación que se estaba viviendo entorno a las polis continentales griegas, la situación siguió agravándose, creándose un caldo de cultivo propicio para la aparición de las tiranías.

La tiranía representa una forma de gobierno ilegítimo por parte un solo individuo. El tirano accedería al poder a través de un golpe de estado, acaparando todos los poderes. A partir del siglo VII y sobre todo durante el siglo VI a.C. prácticamente todas las poleis van a conocer el fenómeno de los gobiernos tiránicos. Así por ejemplo, en Atenas Pisístrato se hará con el poder, en Corintio lo hará Cípselo y en Argos Fidón.

 

El esquema seguido por todas estas tiranías fue muy similar. Se trataron de formas de gobierno de escasa duración, que en el mejor de los casos no superaron la tercera generación. Por lo general, el tirano era de origen aristocrático aunque no pertenecía a la elite gobernante, soliendo haber desempeñado cargos de carácter militar o administrativo por los que habrían ganado popularidad y carisma. De este modo y aprovechando las rivalidades que se producen entre las diferentes familias aristocráticas y que en algunos casos desembocaban incluso en guerras civiles, rodeados por un pequeño ejército en muchos casos financiado por otros tiranos afines, daban un golpe de estado presentándose a ellos mismos como salvadores del estado.

Los tiranos, para llevar a cabo estos golpes de estado, se verán beneficiados por la práctica ausencia de oposición, siendo apoyado en sus propósitos en la mayoría de los casos por una población agotada ante las disputas aristocráticas. Además, el ejército hoplítico tampoco se les opondrá. De esta manera, el pueblo depositará su confianza en el propio tirano al que ven como un instrumento para alcanzar sus reivindicaciones. Por ello, los tiranos se presentan como defensores del demos, del pueblo, y es por ello por lo que van a emplear una política de carácter demagógico. Y frente a las clases más enriquecidas de la población, el tirano se encargará de reducirlos mediante la fuerza.

Los puntos básicos del programa general de estos tiranos eran:

En primer lugar la promulgación de leyes que limitarán el poder y los privilegios de los aristócratas.

En segundo lugar se promovían iniciativas para la construcción y embellecimiento de los edificios públicos de las ciudades, lo que a su vez suponía el empleo de un gran número de población pobre a la vez que aumenta el prestigio del propio gobernante.

En tercer lugar, el tirano se encarga de favorecer a los grupos que le han apoyado en su ascenso al poder como es el caso de los artesanos, a los que se les recompensará a través de la promoción del comercio.

En cuarto lugar, se favorecerá las actividades intelectuales, lo cual les hará disfrutar del favor de los sabios y pensadores.

Y en quinto y último lugar, en esa nueva polis que se está configurando, el tirano se encarga del establecimiento de nuevos cultos y ritos a los dioses.

Sin embargo, los sucesores de estos primeros tiranos no heredarán el carisma de sus antecesores, heredando un cargo no reconocido de manera que para mantener su poder deberán utilizar la fuerza, en lo que se ha venido en denominar tradicionalmente como política tiránica.

Los tiranos irán siendo derrotados y serán sustituidos por una aristocracia que restaura el antiguo poder oligárquico aunque manteniendo los logros alcanzados por la clase media.

A medida que se va configurando el nuevo contexto en el que se están desarrollando las poleis griegas, se van también configurando todo un sistema de relaciones exteriores entre las distintas  poleis. La cuestión de la coexistencia de las diferentes ciudades-estado en el marco de una geografía en la que la existencia de tierras cultivables escasea, complicará dicho sistema de relaciones, llegándose a una situación de enfrentamientos bélicos que durante mucho tiempo azotará a estas poleis, a sus vecinos más próximos e incluso a las colonias afines.

El primero de los conflictos se desarrollará en la isla de Eubea, entre las ciudades de Calcis y Eretria durante casi un siglo, por la disputa de la llanura lelantina. En el área del Peloponeso se enfrentarán las ciudades de Esparta, Corintio y Argos.

Sin embargo, estos enfrentamientos bélicos nunca llegaban a satisfacer a ninguno de los contendientes, por lo que a partir del siglo VI a.C. comienza a desarrollarse una política diplomática basada en el establecimiento de alianzas. La diplomacia sigue basándose en las relaciones personales entre los dirigentes y suelen cristalizar mediante el establecimiento de pactos de amistad y de matrimonios. Con el tiempo, estas relaciones se van institucionalizando a través de la denominada proxénia. El proxénos es un individuo que perteneciendo a una polis determinada, mantiene relaciones muy estrechas con otra polis. Entonces, ese individuo es declarado por dicha polis con la que mantiene buenas relaciones como proxénos, de manera que haga las funciones de embajador de esa poli en su polis original.

Otra de las fórmulas de resolver los conflictos territoriales es mediante el establecimiento de alianzas que pueden tener carácter militar (en un principio son alianzas temporales) y establecidas para hacer frente a una determinada campaña. Poco a poco, estas alianzas serán cada vez más amplias en el tiempo, terminándose por institucionalizar mediante diferentes tratados.

La tercera forma de afrontar esta situación es mediante el establecimiento de ligas o asociaciones multiestatales y que podrán ser de dos tipos: Religiosas o anfiationia, establecidas entre varias ciudades para defender un determinado santuario, una de las más conocidas es la de Delfos; y confederaciones de poleis, en las que junto a la alianza en política exterior se añade la alianza de carácter militar, es el caso de la Liga del Peloponeso encabezada por la ciudad de Esparta.

 

La monarquía de Roma

La ciudad de Roma está situada en la llanura del Lacio. Esta llanura se extiende frente al mar Tirreno, limitada al norte por los ríos Tíber y Anio, y al sur por el promontorio Circeo. Los montes Albanos constituyen el centro de una región que desde tiempos prehistóricos constituyó un cruce de caminos.

Las aldeas latinas, los vici, albergaban a una población de pastores y agricultores, cuya conciencia de pertenecer a un tronco común se conservó en una liga que veneraba a Iuppiter Latiaris, en un santuario común a las faldas de los montes Albanos. La cercanía del santuario hizo que la aldea de Alba Longa adquiriese una preeminencia religiosa.

Roma se erige en el extremo noroeste del Lacio, en su frontera con Etruria y a orillas del río Tíber. La historia más remota de Roma hasta prácticamente el siglo VI a.C., está inmersa en el ámbito de lo mítico-legendario.

 

La fundación mítica y los primeros reyes:

La fundación de Roma se remontaría según la tradición literaria romana, al siglo VIII a.C.. Son dos los grupos fundamentales de leyendas que hacen referencia a los orígenes de la ciudad: La primera, producto de los mitógrafos de origen griego y en los que aparece Eneas como héroe central y que sería el responsable de la fundación de la ciudad. La segunda, producto de autores locales, atribuía la fundación a los dos gemelos, Rómulo y Remo, entroncados con la tradición latina. Sobre el siglo II a.C. ambas leyendas se habrán fundido, presentando a Rómulo y Remo como descendientes del troyano Eneas. Para ajustar cronológicamente el fin de la guerra de Troya con la fundación de Roma, fue preciso intercalar la dinastía albana entre Eneas y Rómulo.

 

La propuesta más admitida sobre la fecha de la fundación de la ciudad fue la elaborada por Varron, quién la situaba en el año 753 a.C.. La dinastía albana habría sido continuada de este modo aunque desvinculada ya de Alba Longa, ciudad originaria de los gemelos.

De esta forma, el primer rey de Roma de carácter evidentemente legendario, habría sido el propio Rómulo. La tradición propone la existencia de siete reyes, los primeros cuatro, Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio, de origen latino-sabino y los otros tres, Tarquino Prisco, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio, de origen etrusco y considerados ya como reyes históricos. Sin embargo, se tiene la certeza de que el número de reyes romanos habría sido superior, apareciendo estos siete reyes como figuras recordadas por la tradición como símbolos de determinadas virtudes. Sobre todo, de los primeros tres reyes, se ha propuesto que son el reflejo de una mitología de carácter funcional:

Rómulo, como fundador epónimo de la ciudad y a quién se le atribuía la conducción de la guerra contra la vecina población de los sabinos, concluida con la asociación al trono de su rey Tito Tacio, reflejo de la realidad de una Roma en la que el componente sabino contribuyó como un elemento determinante en la constitución del núcleo originario de la ciudad.

Numa Pompilio, es considerado el creador de las instituciones religiosas como rey legislador y piadoso, organiza los colegios sacerdotales, el culto y el calendario.

Y Tulo Hostilio, paradigma de guerrero, al que le atribuían las primeras guerras de conquista que culminarían con la destrucción del viejo centro latino de Alba Longa, ostentaría la función militar y funciones judiciales, actuando como juez.

Sobre la figura del cuarto rey, Anco Marcio, existen más visos de realidad. Aparece como un rey de origen sabino y es destacado por su labor edilicea, realizando importantes construcciones como habrían sido el primer puente sobre el río Tíber y sobre todo, el primer puerto en su desembocadura, el puerto de Ostia. De este modo, Roma poseerá una salida al mar (aunque ello no implica que la ciudad tuviera el control del espacio comprendido entre Roma y su puerto).

Dado lo dudoso de las fuentes tradicionales de épocas muy posteriores referidas a este periodo, tendremos que remitirnos casi siempre a las fuentes arqueológicas. Unas fuentes que nos indican que pese a que el territorio que ocuparía la ciudad de Roma había estado habitado desde el Paleolítico, los primeros objetos hallados dentro de lo que después fueron los muros de la ciudad, proceden del Calcolítico a los que siguen restos de la Edad del Bronce y de comienzos de la Edad del Hierro. Sin embargo, a partir de la Edad del Hierro, en torno al 800 a.C., se observan una serie de rasgos que nos indican el comienzo de una larga etapa de transformación que habría llevado a las aldeas aisladas de esta área a un proceso de aglutinación (sinecismo), concentrándose la población en un mismo núcleo.

El asentamiento primitivo de la ciudad de Roma se habría ubicado en el Palatino, donde desde el siglo VIII a.C. encontramos vestigios de cabañas. Y desde el siglo VII a.C. entraríamos en un proceso de urbanización que habría culminado con el reinado de Anco Marcio y esa primera fase de monarquía preurbana. Este sinecismo coincide con un aumento de la capacidad de producción agrícola, de modo que la economía de subsistencia es sustituida por formas más evolucionadas en las que la aparición de excedentes permitía la concentración de la población y el desarrollo de actividades artesanales y comerciales. El aumento de las riquezas provocará el cambio en la estructura social, cambio que se acelerará durante el denominado periodo orientalizante, marcado por los contactos con el mundo fenicio y griego, y que favorecerán a los individuos más poderosos que controlan los medios de producción. De esta forma, comienza a desarrollarse una progresiva diferenciación social y la aparición de una aristocracia cuyo poder y prestigio van a asegurar que se vaya heredando. Es así, que dentro de estos grupos familiares, se irá perpetuando ese carácter privilegiado. Aparecen así tumbas cada vez más lujosas y casas denominadas regia, que al igual que lo que ocurría en el caso de los basileus griegos, se trata de edificios más elaborados en los que residiría el jefe de la comunidad y el que se celebran además los actos sociales de ésta. A la vez, se están desarrollando los lazos de carácter gentilicio y se adoptan elementos culturales de origen fenicio y griego, como es el caso de la escritura.

 

Las primeras instituciones romanas:

Sabemos muy poco sobre las primeras instituciones romanas. En lo que se refiere a las instituciones sociales, la organización primitiva como ya hemos dicho, era de carácter gentilicia, cuyos elementos básicos, la gens y la familia, constituirían el núcleo de la sociedad. La gens se correspondería con la aldea y la familia con la casa-choza o en términos latinos con el pagus y la domus. En cuanto al ordenamiento político, tres son las instituciones más importantes: el rey, el senado y las curias.

El rey, como institución política fundamental incluso anterior a la fundación de la propia ciudad. Pese a que se sabe poco sobre sus funciones y prerrogativas, se trataría de un rex ductor, un jefe elegido por sus cualidades personales, temporal o permanente, y que en una segunda fase asumió también funciones religiosas.

El senado, constituido originariamente por los patres familiae (de hay el nombre de patres que se les da a los senadores), jefe de cada núcleo familiar, aunque limitado su número por un principio de selección en función de la edad. De este modo, solo formaban parte del senado los patres seniores (de donde procede el término senatores).

La competencia de este senado primitivo era la de actuar como consejo del rey, asesorándolo y discutiendo sobre los problemas de culto y de seguridad.

Finalmente nos encontramos con las curias (que deriva del indoeuropeo ko-wiriya, reunión de varones). La comunidad romana se organizó junto al senado, sobre la base de las curias, que originalmente tenían un papel económico ligado a la propiedad de la tierra comunal. También tenían una función religiosa, pudiendo ser convocadas para asuntos de naturaleza sacro-judicial en los comitia calata, la asamblea más antigua que conocemos de la historia de Roma.

Como único ordenamiento del cuerpo político en época preurbana, las curias terminaron sirviendo también para fines militares, como base para el reclutamiento y como unidades tácticas, De ese modo, las curias perdieron su primitivo carácter y se convirtieron en divisiones artificiales de índole exclusivamente territorial.

El cuerpo político romano se dividía en tres tribus, Ramnes, Tities y Luceres. A cada una de esas tribus quedaban adscritas diez curias para un total de treinta curias. En caso de conflicto bélico, cada una de las curias debía proporcionar cien infantes o centuria y diez jinetes.

Junto a su papel militar, las curias desempeñaban también un papel político, de modo que sus miembros, reunidos en asamblea, los comitia curiata, proclamaban la entronización del rey y ratificaban a los magistrados designados por él.

Pese a que las tribus no se verán reflejadas con posterioridad en las instituciones romanas, la centuria o curia si desempeñará un papel importante en el periodo republicano. La pertenencia a una curia vendrá determinada por la pertenencia a una determinada gens.

 

 

Roma y los etruscos:

 

A partir de finales del siglo VII a.C. se puede observar como la influencia del mundo etrusco en la zona del Lacio es muy intensa. Se puede incluso llegar a hablar de una koiné, de una comunidad cultural etrusco-latina. Y Roma no es una excepción en este proceso, entrando en la órbita de la civilización etrusca, marcada por el gobierno de sus tres últimos reyes de dicho origen.

A partir de este momento, lo datos con que contamos son más abundantes.

Se está produciendo la expansión de muchas ciudades etruscas como Tarquinia, Caere, Vulci o Clusium, que intentarán extender sus influencias a todas las áreas del Lacio. De este modo, los Tarquinos serían un producto de dicha expansión de la ciudad de Tarquinia sobre Roma, a la que se viene considerando que habrían llegado incluso a conquistar.

Contamos con distintas fuentes como son documentos epigráficos, menciones, obras y construcciones atribuibles a esos reyes etruscos y que propiciaría la llegada de mano de obra etrusca especializada, de vital importancia en la transformación económica y social de Roma. En este periodo entramos ya en una fase puramente urbana. Se erige la primera muralla que limitaba el espacio sacro y administrativo de la ciudad, se construye la primera red de alcantarillado, se adapta el foro y se levantará un templo dedicado a Júpiter Capitolino, la principal divinidad de la ciudad.

A partir de este momento, los diferentes viajeros que pasan por Roma, la identifican con una ciudad etrusca.

Los reyes de este periodo van a realizar una política que a imagen y semejanza de lo ocurrido con los tiranos griegos, van a beneficiar a la plebe en detrimento de la aristocracia. Esto hará que las gentes patricias, la aristocracia romana, terminé enfrentándose a los monarcas.

En este momento, Roma inicia una política expansionista en la región del Lacio, de manera que se puedan satisfacer las necesidades de nuevas tierras que demandan dichas aristocracias y poder justificar el poder de la monarquía. Además, se necesitan tierras con las que mantener al resto de la población.

Tarquino Prisco habría desarrollado una política de conquista apoyada en una reorganización del ejército al que duplico en número. Además, para poder asegurar su poder en detrimento de la aristocracia, incremento el número de senadores hasta los 300 miembros, de manera que pudiera incluir en él a elementos más favorables al propio monarca.

Servio Tulio, al que la tradición literaria rendirá sus alabanzas frente a los otros dos reyes de los que (obviamente por su enfrentamiento con el patriciado) trasmitirá una imagen negativa, aparece como uno de los grandes reformadores de las instituciones romanas.

De origen oscuro, a Servio Tulio se le relaciona con la ciudad etrusca de Vulci, en un momento en el que el rey de esta ciudad en plena expansión se habría enfrentado a Tarquino Prisco derrotándolo. El propio rey de Vulci habría fallecido en la contienda y Servio Tulio ocuparía desde ese momento el poder en Roma.

Servio Tulio será el responsable del desarrollo de algunas de las instituciones que determinarán la forma de vida romana durante todo el periodo republicano, polarizadas esencialmente en una doble reforma:

Por un lado con la creación de distritos territoriales que sustituyen a las antiguas tribus como base de la organización político-social de la población; y por otro lado, la organización militar a través del ordenamiento centuriado de base timocrática, es decir, en función de su capacidad económica.

La necesidad de unificar una población en crecimiento de todo el espacio romano o ager romanus, llevo a Servio Tulio a dividir  dicho espacio en distritos territoriales denominados tribus y a adscribir a los ciudadanos en alguna de esas tribus de acuerdo con su domicilio y no con su gens, de forma que se rompen los lazos gentiliceos. De este modo, las tres tribus primitivas se verán aumentadas ahora, de manera que la ciudad quedó dividida en cuatro tribus y el espacio rústico entre diez y dieciséis tribus.

Esta divisiones tienen además un carácter eminentemente administrativo al favorecer el diseño del catastro y del censo, y con ello facilitar la labor de la recaudación de tributos.

En cuanto a la división de los ciudadanos como base de la organización militar dentro del nuevo diseño de un ejército ahora de tipo hoplítico y que por lo tanto requería la participación de un mayor número de población, el denominado ordenamiento centuriado; Servio Tulio divide a dicha población en cinco clases ordenadas según sus recursos económicos y no por su base gentilicia. Cada clase debía aportar un número determinado de centurias:

La primera clase aportaba 18 centurias de caballería y 80 centurias de infantería.

La segunda, tercera y cuarta clases aportaban 20 centurias de infantería cada una.

Y la quinta clase aportaba 30 centurias.

El equipo militar es más completo cuanta más alta es la clase. El diferente grado de participación en la organización de este ejército hoplítico se traducía en la diferente capacidad de decisión a nivel político. Junto a estas clases, existe una infra classem constituida por los más desfavorecidos económicamente y entre los que se reclutan cinco centurias que realizan las funciones de tropas auxiliares.

El reflejo político de esta nueva organización del ejército se plasmó en una nueva asamblea ciudadana, los comicios centuriados o comitia centuriata, de la que estaban excluidos la infra classem y los proletarios, y en la que cada centuria supondrá un voto, de modo que las decisiones de la primera clase serán las que prevalezcan prácticamente en todos los casos.

 

 

El fin de la monarquía:

La monarquía será abolida en Roma según las fuentes tradicionales, en el año 509 a.C., a través de un proceso interno que supuso la expulsión de los reyes y la configuración de un nuevo sistema denominado República o res publica.

Tarquino el Soberbio será el último rey del periodo monárquico, sobre el que la tradición literaria romana verterá sus más duras críticas. Ello no sería más que el reflejo de un gobierno que trataría de apoyarse en las bases populares frente a los intereses aristocráticos.

Ahora, la ciudad etrusca de Clusium se está expandiendo por la región del Lacio, de forma que su rey, Porsena, habría ocupado la ciudad de Roma y expulsado a Tarquino el Soberbio. Con este hecho, Porsena intentaba además controlar la Liga Latina. Pero Porsena no establecerá en Roma a un nuevo monarca, sino que sustituye ese sistema por otro aún poco definido y a cuyo frente estaría el denominado praetor maximus. El término praetor hace referencia a un magistrado, mientras que el término maximus indicaría que dentro de ese colegio de magistrados, éste sería la cabeza visible (magistrados que ya existían en época monárquica).

A este praetor maximus le sucederán en el tiempo dos cónsules de manera que se pueda asegurar un gobierno estable. Así, mediante ese colegio consular, se producía un control recíproco del poder y un equilibrio de éste, entre los dos partidos que en ese momento se disputan la primacía en Roma, el proetrusco y el que pretende mantener la independencia de Roma. Al mismo tiempo, se va produciendo un fortalecimiento del patriciado, la clase noble que pretende acaparar la totalidad de las magistraturas. Sin embargo, frente a las pretensiones de esta aristocracia, se establecerá un estado paralelo de origen plebeyo. La plebe tendrá sus propios magistrados, el tribunado de la plebe y los ediles de la plebe; y sus propios dioses protectores, como son los casos de Ceres, Liber y Libera, a los que se le rendirá culto en el Aventino, la colina que desempeña el papel central de este mundo plebeyo. Además, la plebe se reunirá en una asamblea propia denominada concilium plebis.

La época de indecisión que se abre con el establecimiento de la república, no se cierra con el establecimiento del consulado e incluso entre el 451 y el 449 a.C., se establece un colegio de decenviros, colegio de diez magistrados, con una función meramente legisladora. Estos decenviros serán los autores de la ley fundamental que regirá los destinos de la República, la llamada Ley de las Doce Tablas, a través de la que se aspira a la igualdad de todos los ciudadanos romanos, aunque se continuará prohibiendo el establecimiento de matrimonios mixtos.

La mayor aportación de esta Ley de las Doce Tablas es que supone la transcripción a un soporte físico de las leyes consolidadas por la costumbre, la Mos Maiorum y que se basaba fundamentalmente en razones de carácter religioso, de manera que ahora no se someterán a la voluntad divina o fas, sino a la de los hombres o ius.

Este colegio de los decenviros pretendió prorrogar el ejercicio del poder en el tiempo aunque sin éxito, de modo que se restableció el colegio consular como cabeza dirigente de la política romana.

 

 


Bibliografía: Universidad de Sevilla, asignatura Historia Antigua

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Saludos J. Ossorio

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