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Martín Lutero

Martín Lutero (Eisleben, 1483-1546) . Nació en una familia campesina acomodada de la región de Turingia. Fue educado por un padre rudo y exigente, al que amaba, pero al que temía mucho más. Cursó filosofía nominalista en la Universidad de Erfurt con los hermanos de la Vida común en Magdeburgo. Ingresó en los agustinos en 1505. Enseñó Teología y Filosofía en Wittemberg desde 1508 Experto en lenguas clásicas, fue profesor de Sagrada Escritura. Hombre apasionado, sensible, emprendedor y decidido, prefería la predicación popular al magisterio. Tiene gran cantidad de obra escrita. Sintió el carisma profético de interpretar las necesidades espirituales de su tiempo y de su nación. Conforma una visión pesimista del hombre, subrayando el carácter irremisiblemente pecaminoso de la naturaleza humana y la necesidad de la gracia divina. Lutero niega el libero arbitrio del ser humano y todo lo remite a la misericordia divina, es decir, a la justificación por la Fe, que se convierte en la piedra angular del protestantismo. Hacia 1513-16 experimentó una transformación que en sus memorias describe como la “misteriosa experiencia de la torre”, momento decisivo en su conversión. Sufrió una crisis vocacional y de fe debido a la angustia de la salvación, el deseo de reforma dentro de su Orden y un viaje a Roma que le escandalizó. Encontró la respuesta a sus dudas en una epístola de San Pablo: “El justo se salvará por la fe”. Descubrió así el don de la gracia, la misericordia de Dios. Sus 95 “tesis” sobre las indulgencias (1517) simbolizan el inicio de la Reforma. En esta obra teológicamente poco novedosa, pone en entredicho la autoridad papal respecto a la administración de la gracia, por lo que fue invitado a retractarse. Lutero no pretendía aportar ninguna nueva doctrina con sus tesis, sin embargo afirmaba que sólo Dios puede perdonar las culpas de aquellos que se arrepienten sinceramente. La absolución sacerdotal era útil, pero no indispensable. Por otra parte, afirma que el cristiano tiene una doble naturaleza: El hombre interior, que halla su plena libertad en la Fe, en la relación con Dios y en la lectura de la Biblia, y el hombre exterior, que se pone en relación con otros hombres en el marco de la vida social. Las obras buenas no sirven para salvar al hombre interior (que se salva únicamente por la fe), sino para gobernar al hombre exterior y ayudarlo a vivir en armonía con el interior.
Las consecuencias son de gran trascendencia: Devalúa el poder de los sacerdotes como intermediarios entre Dios y los fieles. Afirma el sacerdocio universal de todos los bautizados, sin frontera entre laicos y eclesiásticos, simples delegados de la comunidad. En segundo lugar, “la lectura e interpretación de la Biblia” era un derecho de todos los creyentes y no un monopolio de los sacerdotes. En tercer lugar, de la doctrina del sacerdocio universal deriva una doctrina de los sacramentos diferente; los 7 sacramentos de la Iglesia Católica son reducidos a 3 por Lutero; el bautismo, la Eucaristía y cierta forma de penitencia.
3.1. La ruptura en el seno de la Iglesia.
La fuerza de Lutero viene, ante todo, de su convicción interior, que es apoyada por la adhesión entusiasta de muchos alemanes. Es así como una rebelión individual conduce a un cisma general.
Alemania constituía un terreno favorable, a causa de la debilidad del poder imperial, de las tensiones sociales que oponían al campesinado y a los pequeños señores, ciudades y nobleza, y profundo nacionalismo. Las posiciones reformistas de humanistas como Reuchlin o von Hutten (1513) habían chocado con la actitud represora de los sectores tradicionales, especialmente de los dominicos, y Lutero va a tener a los mismos adversarios, así como los apoyos de los sectores humanistas (Von Hutten, y sobre todo Melachton, el sobrino de Reuchlin), así como el de muchos estudiantes de Wittemberg y de Erfurt, las ciudades en lucha con su obispo, como Nüremberg y Constanza, y la pequeña nobleza renana envidiosa de las riquezas de la Iglesia.
Los años 1520-1521 son decisivos. El pensamiento de Lutero se plasma en tres grandes tratados de 1520: El Papado de Roma (el Papa no tiene ninguna autoridad divina y está sometido como todos los fieles a la Palabra); Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación de Alemania ( en el define la doctrina del sacerdocio universal, afirma que las Escrituras son inteligibles para todos los creyentes, defiende el libre examen contra la autoridad eclesiástica y sostiene el derecho de todo fiel de apelar al Concilio), y por último, el Tratado de la libertad cristiana y la cautividad babilónica ( en el que Lutero critica los sacramentos, convertidos en un medio de imponer la autoridad sacerdotal y de los cuales no acepta como explicitados en las Escrituras nada más que el Bautismo y la Eucaristía).
Durante esta maduración del pensamiento del reformador se pone en marcha la maquinaria represiva (Bula Exurge Domine, condenando 41 proposiciones de Lutero (20 de junio de 1529), que es quemada por éste públicamente), la bula Decet Romanum Pontificem (3 de enero de 1521), que pronuncia el anatema contra Lutero y sus partidarios y la Convocatoria de la Dieta de Worms) Lutero se reafirmó. León X condenó como heréticas 41 de sus proposiciones en la Bula “Exurge Domine” (1520). La muerte de Maximiliano de Habsburgo paraliza momentáneamente el proceso instigado por los dominicos y el Obispo de Maguncia, y se reanuda tras la coronación de Carlos I . En la Dieta de Worms (1521), inaugurada por el propio Emperador, se le convoca para que se retracte de su doctrina, pero le rehusó. La negativa consumó la ruptura y un Edicto Imperial (26-V-1521), le proscribió en el Imperio y se le condenó al exilio y a la quema de sus obras. Al día siguiente Lutero abandona Worms. La bula fue destruida públicamente en Wittemberg. Lutero burló la condena gracias a la protección de Federico el Sabio de Sajonia. Se establece en Wittemberg hasta su muerte, en 1546, Plasmó sus ideas en libros breves: “El papado de Roma”, “A la nobleza cristiana de la nación alemana”, Sobre la actividad babilónica de la Iglesia” De la libertad del cristiano”. Contó con la ayuda del humanista Felipe Melanchton, quien preparó los primeros compendios sistemáticos del luteranismo: “Loci comunes theologicarun” y “Confessio Augustana”. Estos textos fueron presentados como en la dieta de Augsburgo de 1530 buscando concordia. Por entonces empezaron a ser denominados “protestantes”.
De 1522 a 1526 la vida impone elecciones y renuncias que orientarán durante mucho tiempo el movimiento luterano. En materia religiosa, siempre profundizando en su doctrina, Lutero frena a los extremistas que sacan conclusiones, condenadas por él. Sale en 1522 de Wartburg para luchar contra las innovaciones que sus discípulo Carlstadt había introducido en Wittemberg (distribución de la comunión bajo dos especies e iconoclastia. Más tarde Lutero se declara muy claramente contra las demencias anabaptistas. En materia social, en nombre de su misma concepción de la libertad cristiana, que es espiritual, y en nombre de la necesaria sumisión de las autoridades legítimas, Lutero rehúsa apoyar (1522) la rebelión de los caballeros contra las posesiones temporales de los obispos romanos. Condena más durante aún la revuelta de los campesinos de Suabia en 1524, liderados por Tomas Muntzer, sobre un programa a la vez social (alivio de las cargas señoriales) y religioso (elección libre de los ministros, por la comunidad). Después de exhortos a los señores a la caridad cristiana y a los campesinos a la obediencia, condenas a los rebeldes en un violento libelo (Contra las hordas criminales y devastadoras de los campesinos), e incita a los señores a la más dura represión contra los rebeldes, lo que se cumple el 15 de mayo en 1525 en Frankenhausen. Finalmente este periodo contempla la ruptura con los Humanistas. La convergencia de los comienzos deja paso a serias divergencias doctrinales. Mientras los Humanistas creen en la natural bondad del ser humano, en el valor de sus actos positivos y en su posibilidad de cooperar con la obra divina, Lutero se afirma en la total impotencia del hombre pecador.
3.2. La base doctrinal del Luteranismo.
1. El hombre es pecador, sus pecados no se borran y condicionan su obrar. El pecado reduce su libertad de elegir entre el bien y el mal. En su obra “De servo arbitrio” se orienta hacia la idea de la predestinación (que acabará de desarrollar Calvino). Es Dios quien separa a los que salva de los que condena.
2. Una relación más personal, espiritual y directa con Dios. La Palabra de Dios está en el centro: la Biblia habla a cada fiel en conciencia. Las interpretaciones (papa, obispos, concilios, Santos Padres de la Iglesia primitiva) carecen de valor. La salvación por la “sola gracia”, no por las obras ni las indulgencias. Los sacramentos pierden importancia, son meros signos, sin valor salvador. Quedan reducidos a los fundados en la escritura: Bautismo, Eucaristía (como mera conmemoración del sacrificio de Cristo) y Confesión. Los Santos y la Virgen son sólo modelos a imitar, no intercesores, por lo que las peregrinaciones, devociones e indulgencias pierden sentido
3. Una iglesia más igualitaria: comunidad espiritual de quienes comparten la fe, iguales por el bautismo. Los “pastores” (enseñan la Palabra y administran sacramentos) no pertenecen un orden distinto, pueden casarse. Asimismo, los conventos son abolidos. De hecho, Lutero se casó con una monja, Katharina von Bora, con quien tuvo seis hijos.
4. Una liturgia más participativa: en lengua vernácula, aspecto más evidente de la Reforma, se comulga con pan y vino, se realza la Palabra y la predicación, el pueblo participa cantando salmos y textos bíblicos.
Lutero se atrae a la pequeña nobleza, burgueses urbanos y algunos artistas (Holbein, Durero). La Reforma fue adoptada por numerosas ciudades alemanas y varios príncipes, quien en 1521 se negaron a ejecutar el Edicto de Worms. Poco después, en 1529, una nueva dieta trató de ponerlo nuevamente en vigor y seis príncipes y catorce ciudades protestaron, lo que dio origen al nombre “protestantes”.
El Corpus Doctrinae de Melachton (1560), que recoge a su vez el Pequeño y Gran Catecismo (1529) y la Confesión de Augsburgo (1530):
a) Se mantiene en la afirmación de la base: la fe es un don gratuito de Dios, es justificación total y completa, y aporta esperanza y caridad. La única fuente de Fe, el canal por el que Dios la otorga, sin las Escrituras, de las que Lutero rechaza algunos textos dudosos. Todos los fieles pueden, con la ayuda del Espíritu Santo, interpretar las escrituras en el sentido deseado por Dios.
b) Respecto a la doctrina eucarística, para Lutero, la Eucaristía no es, como para la Iglesia Romana, una renovación del sacrifico de la Cruz. La redención se realizó de una vez por todas y es una ofensa a Dios pensar que hay que reproducir el sacrificio como si no hubiera bastado con la primera vez. Formado en las lecciones del nominalismo, rechaza la teoría escolástica de la transustanciación formulada según las exigencias de la lógica aristotélica; el pan y el vino se transforman en sustancias del cuerpo y la sangre de Cristo, mientras que se conservan las apariencias sensibles del pan y del vino. Pero Lutero, profundamente místico, desea un contacto real con lo divino (a diferencia del simbolismo de sus adversarios zwinglianos). Formula, pues, la teoría de la Consustanciación; en la Eucaristía por voluntad de Cristo, las sustancias del cuerpo y de la sangre coexisten con las del Pan y el Vino, que subsisten material y realmente.
c) Finalmente la eclesiología luterana es muy simple. La verdadera Iglesia es invisible, pues es la de los justificados por la Fe, Todos son iguales ante Dios. No existe el sacerdocio, limitado a un grupo de fieles separados unos de otros. Las iglesias terrenales no hacen más que ayudar a los fieles. Los pastores son funcionarios que han recibido una afirmación espiritual que les cualifica para predicar y distribuir los sacramentos, pero no hay orden, no votos, ni celibato obligatorio. Asimismo Lutero rechaza el valor de la vida religiosa regular y la noción de votos perpetuos. De esta manera, la doctrina luterana aporta a los fieles una profunda renovación de la propia concepción de religión. La confianza del creyente en su salvación es una seguridad contra la angustia existencial. La simplicidad dogmática y litúrgica, el empleo de la lengua vulgar y la promoción de los laicos son otros tantos triunfos para el evangelismo. Pero Lutero desencadena un movimiento de pensamiento que le supera rápidamente.
3.3. Expansión del Luteranismo.
El luteranismo caló entre descontentos y ambiciosos, provocando movilizaciones violentas:
La revuelta de la baja nobleza en el valle de Rin, que había perdido valor por las nuevas técnicas bélicas y se había empobrecido por la inflación, fracasó en el intento de librarse de la dependencia de los príncipes territoriales apropiándose de las rentas y tierras de la Iglesia. (1522-1523).
La revuelta campesina (en el sur del Imperio con ramificaciones hacia el norte), con viejas reivindicaciones antifeudales reinterpretadas por los pastores luteranos, fue aplastada sangrientamente por los príncipes. (1524-1525)
La anarquía y violencia de ambos movimientos hizo que Lutero cambiase y confiase a los poderes constituidos la implantación de la Reforma, en contra de lo que había deseado al principio. Las autoridades asumieron poderes episcopales para regular y controlar el culto. El modelo implantado por Juan Federico de Sajonia (un “consistorio” de teólogos y juristas para la administración de justicia eclesiástica y gobierno de la iglesia) fue muy imitado por otros príncipes. La posición social de los pastores, designados por los magistrados y los príncipes, mejoró (menos numerosos, más ricos, más cultos) aunque tenían mayor dependencia de la autoridad.
Entre 1520 y 1540, la Reforma luterana se extendió rápidamente en el Imperio: Con mayor rapidez en las ciudades, a menudo mediante un simple acto administrativo por parte de los magistrado. Después en los señoríos territoriales, donde los príncipes impusieron la Reforma sintiéndose responsables ante dios de la salvación de sus súbditos.
En 1531 firmaron una Liga defensiva en Smarkalda 7 príncipes y 11 ciudades, que no dejó de crecer mientras Carlos V se ocupaba de la defensa de Viena y de las guerras contra Francia y Túnez. En 1539 formaban parte de la Liga 15 príncipes y 29 ciudades. Sólo los Habsburgo y los duques de Baviera, mantuvieron su fe católica. Se mantuvo la esperanza de llegar a un acuerdo religioso entre los grandes príncipes y el Emperador para evitar la ruptura de la Iglesia y de la paz en Alemania. Hubo varios “coloquios” entre teólogos, reformadores y nuncios papales (Concilio de Marburgo, 1529; Concilio de Ratisbona, 1541). Se apelaba la celebración de un concilio universal, pero se retrasaba porque:
El papa aceptaba abordar cuestiones dogmáticas, pero temía perder poder ante el Emperador si aceptaba cambios organizativos. Los príncipes temían perder las riquezas y el poder conseguido, apelando por un concilio alemán. Carlos V estaba dispuesto a concesiones disciplinares (matrimonio de sacerdotes, liturgia en lengua vernácula, etc) si con ello mantenía la paz dentro del Imperio para seguir luchando contra Francia y los turcos.
En 1547 Carlos V derrotó a la Liga, pero no logró recomponer el orden político y religioso bajo una única autoridad suprema y católica. Poco después Carlos v fue derrotado por la Liga protestante gracias a la alianza entre el duque de Sajonia y Enrique II de Francia.
La paz de Augsburgo (1555) firmada entre luteranos y católicos, excluyó a todas las demás
confesiones y se basó en el “territorialismo religioso”: príncipes y ciudades podían elegir la
forma de religión e imponerla a sus súbditos. También se pretendió frenar la expansión de la Reforma a otros territorios, punto que se aplicó con violencia.
La implantación del luteranismo en Suecia provocó su independencia del reino de Dinamarca- Noruega bajo Gustavo Vasa (1523). Hubo poca resistencia a la ruptura con Roma por las pocas innovaciones litúrgicas y sacramentales. La secularización de bienes eclesiásticos fue acordada por la nobleza y la corona.
En Dinamarca-Noruega, la Reforma se impuso en la dieta de Copenhague (1536) cuando Cristian III ganó la guerra civil.



Bibliografía:

BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. Akal Madrid, 2002

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia. Barcelona. 2002.

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2001.

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