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Himno al dios Atón, texto completo

Ajenatón creó una religión basada en un dios perteneciente a la mitología egipcia llamado Atón (dios solar), venerándolo solo a éste (monoteísmo), y representándolo como dios de todas las cosas, olvidando el resto de los dioses mitológicos existentes y rompiendo relaciones y privilegios con el clero de Amón. El Faraón cambió su nombre por el que actualmente conocemos como Akhenatón, (que significa Atón esta satisfecho) y se autoproclamó como único intermediario entre el dios Atón y el pueblo.


Texto completo


Apareces henchido de belleza en el horizonte del cielo,/ Disco Viviente, que das comienzo a la Vida./ Al alzarte sobre el horizonte de Levante / llenas los países con Tu perfección./ Eres hermoso, grande, brillante, alto por sobre tu Universo./ Tus rayos cubren los países hasta el confín de lo que creaste./ Porque eres el Sol, los has conquistado hasta sus confines / y los sujetas para tu Hijo al que amas./ Por lejos que estés, tus rayos tocan la Tierra./ Estás ante nuestros ojos, pero Tu camino sigue siéndonos ignoto.
Cuando te ocultas en el horizonte de Poniente / el Universo se sumerge en las tinieblas y queda como muerto. / Los hombres duermen en sus moradas con la cabeza tapada / y ninguno puede ver a su hermano./ ¡Les robarían incluso los bienes que guardasen bajo su cabeza / y no se apercibirían! Todos los leones salen de sus guaridas / y todos los reptiles muerden. / Todo es como tinieblas de un cuévano. El mundo yace en silencio. / Es que Su Creador reposa tras el horizonte. / Pero, al alba, desde que te alzas en el horizonte / y brillas, Disco del Sol, durante el día, / expulsas a las tinieblas e irradias tus rayos./ Entonces, el Doble País es una fiesta,/ la Humanidad despierta y se alza sobre sus pies;/ ¡Tú eres quien la ha hecho alzarse!/ Tan pronto como purifican sus cuerpos, cogen sus vestiduras / y sus brazos rinden adoración a tu Ascenso./ El Universo entero puede disponerse a la tarea. Todo ganado está satisfecho en su pasto;/ el árbol y la hierba reverdecen;/ los pájaros levantan el vuelo desde sus nidos / con las alas desplegadas y rinden adoración a Tu Ser./ Todos los animales saltan sobre sus patas./ Todos los que vuelan y todos los que se posan / están vivos desde que Tú has vuelto a alzarte para ellos. / Los barcos suben y bajan por el agua del río./ Todo camino se abre porque Tú has aparecido./ Los peces, sobre el agua del río, saltan hacia Tu rostro:/ y es que tus rayos penetran hasta el seno profundo del más verde mar.
Eres Tú quien desarrolla el embrión en la hembra,/ Tú quien crea la simiente en el varón,/ Tú quien da vida la hijo en el seno de la madre,/ Tú quien le mandas el consuelo que apacigua sus lágrimas,/ Tú la nodriza de quien aún esté en el vientre materno,/ Tú el que no deja de dar aliento a la vida de cada criatura./ Cuando salen del seno materno para respirar, el día de su nacimiento,/ Tú abres al instante su boca y les das lo necesario./ Mientras el polluelo está en el huevo y pía dentro del cascarón,/ Tú le envías aliento al interior para que tenga vida,/ Tú has prescrito para él un tiempo para que lo rompa desde el interior./ Y él sale del huevo en el tiempo prescrito,/ y camina sobre sus patas desde el momento en que sale.
¡Cuán abundantes las cosas por Ti creadas,/ aunque nuestros ojos no las vean,/ oh, Dios único, sin par!/ Has creado el Universo según Tu deseo,/ cuando estabas solo:/ hombres, ganados, fieras,/ cuanto hay sobre la Tierra y anda sobre patas,/ cuanto está en el Cielo y vuela, con alas desplegadas,/ los países de montaña, Siria y Sudán,/ y el llano de Egipto./ Has situado a cada hombre en su sitio y dádole lo necesario./ Cada cual tiene qué comer y tiene un tiempo contado para su vida./ Las lenguas son variadas en sus modos;/ los caracteres y los colores de los hombres son distintos,/ y has hecho distintos a los extranjeros./ Creas al Nilo en el mundo inferior / y le haces vivir según tu voluntad para dar vida a los egipcios,/ lo mismo que los has creado a ellos para Ti,/ Tú, Señor de todos ellos, que Te tomas tanto trabajo por ellos./ Señor de todo el Universo, que Te alzas para él,/ Disco del Día de prodigioso prestigio./ A todo país extranjero, por lejano que sea, le haces vivir también;/ has dispuesto un Nilo en el Cielo para que baje para ellos;/ forma las corrientes de agua en las montañas, como el tan verde mar,/ para regar sus campos y sus territorios./ ¡Cuán eficientes son tus propósitos, Señor de la Eternidad!/ Un Nilo en el cielo, he aquí el don que has concedido a los extranjeros / y a todo animal de las montañas que ande sobre sus patas,/ lo mismo que el Nilo que viene del mundo inferior, que llega al País amado.
Tus rayos nutren el campo./ En cuanto brillas, viven y crecen las plantas para Ti./ Haces las estaciones para desarrollar cuanto creaste:/ el invierno, para refrescarlos; y el estío, para que te saboreen./ Hiciste el Cielo lejano para surgir de él / y abarcar con la vista toda Tu creación / y sigues en Tu Unidad,/ cuando Te has levantado en Tu forma de Disco Divino,/ que aparece y resplandece luego,/ que está lejos, pero se mantiene cerca./ Sacas sin cesar miles de formas de Ti mismo / y mantienes Tu Unidad.
Ciudades, nomos, campos, caminos, ríos,/ todo ojo Te ve ante sí,/ porque eres el Disco del Día sobre el Universo.
Pero, cuando te vas,/ ninguno de los seres que Tú has creado quiere subsistir / por no poder contemplarte./ [Y aunque no te vea] ninguna de Tus criaturas,/ Tú permaneces siempre en mi corazón./ Nadie te conoce / como tu hijo Nefer-jeperu-re Uaen-re,/ pues le has revelado Tus propósitos y Tu poder.
El Universo ha venido a la existencia en Tu mano, tal como lo creaste./ Si Te alzas, vive; si Te ocultas, muere./ Tú eres la duración de la Vida misma; se vive de Ti./ Los ojos contemplan Tu perfección sin cesar, hasta Tu ocaso;/ toda tarea cesa cuando Te ocultas por Poniente./ En cuanto Te alzas, haces crecer [toda cosa] para el Rey/ y la prisa invade las piernas / desde que dinamizas el Universo,/ y haces que surja / para Tu hijo, nacido de Tu Persona,/ el Rey del Alto y del Bajo País, que vive verdaderamente,/ Señor del Doble País, Nefer-jeperure-Uaen-re,/ Hijo de Re. que vive verdaderamente, Señor de las Coronas, Ajen-atón./ ¡Que sea grande la duración de su vida!/ Y su Gran Esposa, a quien él ama,/ la Dama del Doble País, Nefer-neferu-atón Nefertiti,/ que le sea dado vivir y rejuvenecer para siempre,/ eternamente.
Fuente:


Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás
www.unizar.es

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