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Demografía del Mundo Moderno

FACTORES DEMOGRÁFICOS Y CARACTERÍSTICAS DE LA DEMOGRAFÍA

El siglo XVI tiene muchas características en común con el precedente y con el siguiente en el plano de la vida cotidiana. Los progresos tanto de la higiene y de la medicina como sociales no se harán verdaderamente sensibles hasta el siglo XVIII. La mortalidad infantil sigue siendo muy elevada. En el último cuarto del siglo XVI, en Simancas (España), esta mortalidad alcanzó el 40-50 %, y en Palencia el 68 % de los nacidos murió antes de cumplir los 7 años. En Beauvais en el siglo XVII, se constata que la mitad de la población no llegaba a los 20 años, mientras que la cuarta parte de los recién nacidos fallecían en su primer año de vida. La esperanza media de vida en el 1600 era de 34 años para las mujeres y 28 para los hombres. En determinadas zonas se encuentran cifras más bajas, como en Ginebra, París e Inglaterra. En proporción, no se llegaba muy pronto al matrimonio: las jóvenes se casaban entre los 20 y 25 años; los hombres, entre los 25 y 29 años. Las prácticas anticonceptivas no se habían difundido abiertamente, aunque se recurría a ellas por distintos motivos. A pesar de las plagas colectivas y las deficiencias médicas, el siglo XVI se caracterizó por un

fuerte y general aumento demográfico. El incremento alcanzó valores próximos al 50 % desde Noruega hasta Castilla y desde Bretaña hasta Suiza. Este fenómeno se produjo en las ciudades de modo desigual, debido a menudo a motivos coyunturales. Entre los mayores centros europeos no hubo diferencias demasiado notables. Fueron muy raras las ciudades que llegaron a 200.000 habitantes. En el siglo XVI, así como en el XVII, muchas aglomeraciones fueron atacadas por enfermedades epidémicas: Venecia perdió casi el 30 % de su población entre 1575 y 1576; Santander el 80 % en 1599; Mantua el 70 % en 1630. Estos azotes, llamados pestes aunque la mayoría de las veces eran tifus, viruela, etc., afectaban más a las ciudades, en particular a los barrios pobres y con malas condiciones higiénicas; vehículos habituales de transmisión eran las ratas infectadas por las pulgas. Como en el período anterior, las personas acomodadas se sustraían más fácilmente a estas enfermedades. Las familias de las clases populares no fueron, normalmente muy numerosas, el número medio de hijos era de 4. Eran sobre todo las clases acomodadas quienes tenían más. El aumento demográfico no prosiguió y entró en crisis ya antes de finales del siglo XVI. Entre 1594 y 1597 las desfavorables condiciones meteorológicas causaron malas cosechas mientras la peste se difundía en España, Italia y Alemania se sufría una gran carestía. Las zonas mediterráneas resultaron más afectadas que las nórdicas. Las dificultades de aprovisionamiento de ciertas zonas de alta densidad urbana se correspondían con las de la producción agrícola circundante, a menudo inferior a las exigencias. La carestía, que ya se había hecho sentir en el Mediterráneo obligó a los estados costeros a recurrir a masivas importaciones de cereales del Báltico. Las insuficiencias hay que relacionarlas también con una inversión de tendencia en el campo. Así, en el Languedoc a fines del siglo XV muchos campesinos eran personas relativamente pudientes que con los beneficios sacados de sus propias tierras podían procurarse otros bienes.

Mortalidad:

La mortalidad llegaba a cotas muy elevadas, con tasas brutas ordinarias del 28 al 38 por mil, triplicando la actual. En general se sitúa por debajo de la natalidad. Las causas son las siguientes:

- La propia estructura económica de la época; economía agraria de escaso desarrollo tecnológico, sujeta a fluctuaciones climáticas y con una infraestructura muy imperfecta.

- Sociedad con reparto desigual de la riqueza.

- Falta de higiene generalizada, tanto urbana como rural (promiscuidad, convivencia con bestias, hacinamiento).

- Medicina poco desarrollada.

- Inercia y pasividad de la población ante posibles innovaciones.

- La presencia continua de la muerte provocaba la aceptación pasiva y resignada de la misma.

- Fortísima mortalidad infantil (próximas al 250 por mil)), por alimentación deficiente, nula atención sanitaria. Generalmente era más débil en el medio rural y mayor en el medio urbano; caso extremo el de los niños expósitos de muchas ciudades, con mortalidades del 80 o 90 % antes de los 6 años.

- Pero el hecho más característico del Antiguo Régimen es la aparición periódica de las denominadas Crisis Demográficas (Guerra, Hambre y enfermedades epidémicas). Las guerras no tanto por su mortalidad directa como por sus secuelas de hambre, asedios, bandidaje, rapiña, interrupción de la actividad económica, propagación de enfermedades.

Los accidentes meteorológicos provocaron enormes crisis frumentarias, que afectaban más a las zonas interiores, muy dependientes del cereal. Destaca la sufrida por Finlandia en 1696-97 o las que sucedieron en Francia en diversos periodos del siglo XVII.

Las enfermedades como el Sarampión, difteria, sífilis, paludismo, tuberculosis o tifus, que le disputó a la Peste Negra su puesto entre las grandes asesinas de la historia.

Natalidad-Fecundidad. Nupcialidad. Familia.

La natalidad es también muy alta (hipernatalidad), entre el 35-35 por mil, con tasas de

fecundidad muy altas, pero en modo alguno natural. Esta se da en el seno de la familia legítima. Los nacimientos extramatrimoniales (condenados por la Iglesia), son escasos, en torno al 1-5 % del total. El matrimonio distaba mucho de ser universal. El celibato era relativamente elevado (entre el 10 hasta el 20 %). El acceso al matrimonio era, con frecuencia, más bien tardío (25-26 años mujeres y 28-30 los hombres). El último hijo lo tenía la mujer, como media a los 40 años. Así, el periodo de fecundidad efectiva resultaba muy inferior al de fertilidad biológica, no más de 15 años, en el que algunas traían hasta 15 hijos al mundo. Aunque no existía el divorcio en el mundo católico y en el protestante era muy raro, la muerte rompía muchos matrimonios, Afectaba más a los hombres. Un total de un tercio de las familias fue afectado. Los viudos contraían más segundas nuevas nupcias que las viudas. Limitación de la natalidad; coitus interruptus, abortos provocados, infanticidios incluso abandono de niños. Pero el tardío acceso a l matrimonio de las mujeres era el primer factor limitante. Junto a la alta proporción del celibato. La importancia de la edad a que se contrae matrimonio y su influencia en la fecundidad es tal que, incluso, se ha podido definir un régimen demográfico de baja presión (existente en Inglaterra) con edad al matrimonio y celibato más elevados y en el que la acción de la mortalidad como factor de regulación baja un poco, frente a otro de alta presión existente en la mayor parte de Europa, con una edad al matrimonio y celibato algo más bajos y una fecundidad algo más elevada, en la que la intervención de la mortalidad tiene mayor relieve.

El matrimonio, la familia pues, se configura como el gran regulador demográfico de Occidente. Una familia de estructura mayoritariamente nuclear, compuesta exclusivamente por padres y por hijos que abandonaban el hogar paterno al contraer matrimonio, pero coexistiendo con otras formas más complejas. Así, de manera general:

- Es indiscutible el predominio en Europa nor-occidental el predominio de las familias

complejas (extensas o polinucleares).

- Mientras que las familias nucleares abundan en la Europa central o meridional. Donde predominaban las familias nucleares, las más numerosas eran sinónimo de posición social pre-eminente, por el número de criados u otros copresidentes que podían englobar. En el dominio de las polinucleares reflejaban el número de brazos necesarios para atender la explotación agrícola.


LAS FUENTES Y EL PROBLEMA DE LAS CIFRAS.

El objeto de la demografía histórica es el estudio de las poblaciones del pasado, es decir, su estado, estructuras y movimiento tanto natural (nacimientos, matrimonios, defunciones) cómo geográfico. El carácter indirecto de las fuentes empleadas (recuentos de población de finalidad caso siempre fiscal o militar; registros sacramentales, o parroquiales) imponen una serie de limitaciones.

- Espacio-temporales. Sólo Europa y, en parte, sus colonias, y a partir del s XVI cuentan con los registros parroquiales.

- Por otro lado hay aspectos elementales o básicos, como el volumen de población, de

muy difíciles esclarecimiento (ocultación de deberes fiscales o de reclutamiento).

- Los estudios han de centrase en comunidades pequeñas (parroquiales) y preferentemente en su fracción de mayor limitación geográfica.


REPARTO DE LA POBLACIÓN EUROPEA.

La Europa Moderna asistirá al desarrollo de un sistema urbano integrado, conformado por las necesidades de la economía comercial en progreso, Este proceso, de gran importancia económica, no acarreó sin embargo la destrucción del mundo rural, de hecho la población europea continuó siendo eminentemente rural; en 1800 únicamente el 10 % vivía en núcleos mayores de 10.000 habitantes. Pero el proceso no fue uniforme ni constante en el tiempo.

- En el ámbito mediterráneo hubo un crecimiento rápido en el XVI, con caída en el siglo siguiente y una lenta recuperación en el XVIII.

- En el resto de Europa los periodos de expansión urbana más intensa corresponden a

1550-1650 y a la segunda mirad del siglo XVIII.

El poblamiento del continente presenta tres grandes diferencias regionales.

- La población es particularmente numerosa (40-56 habitantes por m km2) en el norte y en el centro de Italia, en Flandes y en Brabante, y en el centro de la región francesa (incluso sin contar París). pero esto es un hecho excepcional.

- Francia, primera nación continental, tiene una densidad media de 20 a 35 habitantes por km2.

- Todas las restantes naciones tienen una densidad sensiblemente menor. El sur de Italia, Escandinavia, Escocia, son desiertos humanos.

La densidad de cada país presenta una geografía distinta de la habitual. España tiene de 5 a 7 millones de habitantes; los Países Bajos, con más de 3 millones, se equipara a Inglaterra, que no llega a los 4 millones. Italia cuenta con 12 millones de personas a finales de siglo, pero repartidos entre los numerosos Estados de las Península, lo mismo que el pueblo germánico, lo que hace difícil su evaluación.

En todas partes las cifras en el 1600 son más elevadas, a pesar de las crisis. El crecimiento más espectacular tiene lugar, sin duda, en Rusia; de 6 a 11 millones. Pero en este territorio en expansión permanente, la ocupación humana es muy desigual. Fuera de Europa las estimaciones tienen un carácter todavía más aleatorio. Si la población de Europa se puede estimar con bastante seguridad en 60-80 millones de habitantes, se atribuyen de 200 a 300 en Asia, África de 60 a 80 millones, que posiblemente disminuyeron a lo largo del siglo, y América en torno a 15 millones (agrupados en las altiplanicies mejicanas y andinas) a finales del siglo XVI, de los 80 millones atribuidos a la llegada de los conquistadores, lo que nos da una idea de la magnitud de la catástrofe (enfermedades, explotación, esclavitud, represión…).

 LAS CIUDADES

Capitales político-administrativas y ciudades portuarias fueron en general, las más favorecidas. Su tamaño, no obstante, era relativamente modesto, al menos para los criterios actuales. Cerca del 80 % de los núcleos urbanos estuvo siempre entre los 10.000 y los 40.000 habitantes. Algo más de la décima parte, entre 40.000 y 80.000. Y sólo un puñado Londres, París, Nápoles y Sevilla a finales del XVI, pasaron de los 100.000.  Únicamente Londres, a finales del XVIII se acercará al millón de habitantes.

El ámbito del norte de Italia y los Países Bajos, eran ya por tradición medieval, un ámbito altamente urbanizado, y continuarán siéndolo ahora. Durante el siglo XVI, la PI e Itálica concentraron la mitad de la población europea. El declive experimentado por ambas en el siglo XVII redujo notablemente la proporción, hasta dejarla en un tercio del total, en beneficio de la Europa nor-occidental, sobre todo las Islas Británicas (del sexto al tercio de la población total), mientras que el bloque Francia-Alemania se mantuvo constante en una tercera parte.

BIBLIOGRAFÍA:

BENNASAR y Cols. HISTORIA MODERNA. Editorial Akal, Madrid, 2005.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2002.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

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